miércoles, 4 de septiembre de 2013
Aguas que fluyen hacia arriba
El agua que acostumbra a manar hacia abajo, corra hacia arriba. Esto es lo que ejemplifica el devenir de mi alma, que va cayendo como en picado, y que no puede remontar por mucho que lo intente.
Quizás precisamente en esto radique el dejarse amar por el Amado: en dejarse, ya que la propia voluntad no puede.
Mira aquí, pues, todas mis aguas derramándose, y no van hacia arriba, por cierto, sino hacia abajo; y no empapan la tierra para fecundarla y dar fruto, sino que se pierden para siempre.
Esto son aguas que fluyen hacia arriba.
domingo, 18 de agosto de 2013
No hay renacimiento posible
Me callé y mis obras no hablaron por mis palabras (pocas y malas).
Simplemente me callé. Me sumí en el silencio.
Y ahora retomo, trabajosamente, a desbrozar esta selva de malezas. Para que las palabras me traicionen.
Estas mismas palabras que lees:
E - S - T - A - S M - I - S - M - A - S
(desde que los signos llegan a tus ojos
hasta que las unes en tu pensamiento
y encadenas su significado):
¿con eso piensas que vas a desnudar mi interior,
que vas a saber y comprender lo que quiero decir?
Si piensas eso es que no has comprendido aún el engaño de las palabras. De todas las palabras.
Si piensas eso es que no has entendido nada.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Admiro tu Belleza en los mil matices de verde de las hojas de los árboles (17): Revisitar Sangrazul
Admiro
tu Belleza en los mil matices de verde de las hojas de los árboles, cuando las
da el sol de la tarde. Me quedo extasiado cuando cierro los ojos para percibir
todos los sonidos de la Vida
en Ti: el canto de los pájaros, la brisa, el ruido de los autos, el sonido del
aspersor,… Acuso en mi interior, uno a uno, goteando, los segundos de mi
tiempo, de mi vida, de mi existencia. Me demoro en el salto de un segundo a
otro, de un instante a otro, en ese vacío del tiempo que es sostenido por Ti.
Si Tú no sostuvieras cada segundo, cada parpadeo de mis ojos, cada aleteo, yo
no existiría, yo no estaría aquí, yo sería nada. Tú sostienes lo algo que yo
soy, y lo das consistencia en tu Persona. Recreas todos mis dones
continuamente, no te cansas de crearme a cada instante, de sostener por puro
amor mi existencia. El fuego de tus ojos incendia mis excusas, las palabras de
tu boca cimentan mis ilusiones, la caricia de tus manos empuja mis pasos. Queda
tu huella en mi vida, como poso profundo; queda este deseo de fundirme en Ti, como
motor y acicate de mi búsqueda y mis desvelos. Renuevame, Señor Jesús, recreame,
vive mil vidas, a través de mi vida y de la de los otros. Grábame tus
sentimientos, sóplame tus inspiraciones, piensa en mí tus proyectos, sueña en
mí tu Mundo Nuevo. Y, cuando se agote mi persona, cuando regrese al grado cero
de espacio y de tiempo, absorveme en tu corazón, fúndeme en tu Amor de nuevo:
hazme tuyo en Ti.
martes, 21 de mayo de 2013
Le llamaban Juan de Hierro (16): Revisitar Sangrazul
Le
llamaban Juan de Hierro y nació en un río muerto, desecado. Vivió un tiempo en
el bosque, solitario, alimentándose de insectos y de raíces. Durante cincuenta
años no vio a otro ser humano, por lo que se creía solo en el mundo. Un día
aventuró un paseo más allá de los límites, o los humanos del pueblo aventuraron
un paseo más allá de los límites (no se sabe), y Juan de Hierro descubrió al
otro. El otro resultó ser un niño moreno y descalzo, al cual Juan de Hierro
cargaba sobre sus hombros, como si fuera un rey y él su trono, y mataba las
hormigas que mordisqueaban sus pies pequeños. Corrió Juan de Hierro con el niño
sobre sus hombros: corrió atravesando el bosque y atravesando el río, saltó
cercas y escaló montes, encaró fieras y espantó aves de rapiña. Juan de Hierro
arrancaba musgos y líquenes, para hacerle un colchón al niño, y entretejía hojas
secas para resguardarle del frío nocturno. Con sus propias manos, Juan de
Hierro estrujaba almendras que convertía en leche y arrancaba manzanas
silvestres y setas, y se lo presentaba al niño sobre un mantel de hierba. “No
volverás a ver a tu padre ni a tu madre”, decía Juan de Hierro al niño, “Pero
te guardaré a mi lado, pues me has devuelto la libertad”. Y el niño lloraba, al
acordarse de su casa; pero pronto reía de nuevo, descubriendo el bosque desde
los hombros de Juan de Hierro. Al cumplir los siete años, Juan de Hierro
encomendó al niño el cuidado de un riachuelo de oro. Así pasaba día tras día el
niño, contemplando los peces dorados y las aves transparentes que revoloteaban
sobre el agua.
Un
día, Juan de Hierro no regresó. Se hizo de noche y el niño seguía sentado a
orillas del riachuelo. El oro del agua resplandecía en la oscuridad, bajo la
atenta mirada de la luna. Pero al día siguiente, Juan de Hierro no regresó. Y
al otro tampoco. Al tercer día, al amanecer, el niño comenzó a llorar, viendo
que Juan de Hierro no regresaría jamás. Sus lágrimas caían al riachuelo y
formaban círculos. El niño se asomó a la superficie dorada y, sí, ahí estaba
Juan de Hierro, llorando. Y, cuando el niño sonrió, Juan de Hierro le devolvió
su sonrisa.
lunes, 20 de mayo de 2013
A veces las calles llenas de personas se me desvanecen (15): Revisitar Sangrazul
A
veces las calles llenas de personas se me desvanecen, dejando paso a amplias
praderas surcadas por caballos. Las aceras pulverizan su cemento a mi paso, y
camino sobre la tierra, mis pies desnudos. Cierro los ojos cuando me lleno los
pulmones con el aire fresco de la montaña. Sigo caminando solo, pero el entorno
me es distinto, me trae algo en el ambiente. Los edificios se vuelven vida
vegetal que extiende sus brazos hacia el cielo, se vuelven vida. Todo lo
artificial fluye, como un río, creciendo y desarrollándose, rebosante de
espíritu. También yo me siento vivo en esta vida. (Sé que no es así, que la
realidad es otra. Dime, ¿a quién hago daño en estos segundos de plenitud,
soñando en su presencia? Dime, ¿acaso debo rehusar estos paseos, estos
arrebatos del amor, estos raptos de un recuerdo venturoso?) (Permiteme soñar,
que no hiero a nadie; y, si acaso, a mí mismo. Unos minutos duran mis partidas,
pues después la realidad se me impone. En los momentos de dolor incontenible,
intento juntar todos los minutos, pero la cuenta no me sale. Por eso, ten
compasión, y déjame perderme en su presencia; sabiendo que la pena de amor ya
no se cura sino con su presencia ¿y su figura?) (Su figura… En tantos cuerpos
la he buscado que he perdido la cuenta, la misma cuenta que los minutos no
sumados. Y todo no son sino copas de ajenjo que apuro con avidez, con la avidez
del condenado a muerte, con la avidez del que todo lo perdió).
Mira
en los bolsillos de tu chaqueta: encontrarás una foto vieja con una dedicatoria
en el reverso. En el papel hay nieve dorada cayendo. Amanecerá oscuro el día
que encuentres esta dedicatoria, y por fin sabrás que amé hasta el dolor, hasta
la muerte. Su sola presencia en mi recuerdo me aniquilaba. Me consumía cada día
esperando la muerte para volver a sus brazos, para consumirme en su regazo,
para descansar.
sábado, 18 de mayo de 2013
Dejarse arrastrar por el corazón herido (14): Revisitar Sangrazul
El cielo está rojo, como mi cuello:
sangrando. Se abre el horizonte con estrellas invisibles, se ensancha, se
alarga, se hunde. El cielo nocturno agujereado se sangra en destellos afilados
que bañan las ramas desnudas. El tren, a lo lejos. Camino al cementerio, la
noche parece más fría de lo que es. También parece más acogedora (a pesar de
más fría). Suenan a lo lejos las voces, en la casa, contando historias,
cantando. Vuelve el recuerdo de lo eterno en cada paso. Sentirse vivo,
respirar, desgranar uno a uno los latidos, llenarse los pulmones de bocanadas
de aire frío: permitirse que el tiempo pase y te haga muescas en el alma.
Dejarse arrastrar por el corazón herido, que tira del cuerpo y lo mueve, como
un pájaro enjaulado que revolotea buscando la salida. Cerrar los ojos y verse
recogido en la noche, desplegado, repartido, dispersado, consumido, consumado.
Abrir los brazos e inmediatamente alzar el vuelo, o ser crucificado, o recibir otro
cuerpo en un abrazo. Sentirse vivo, sentirse libre, sentirse uno, sentirse
nada.
jueves, 16 de mayo de 2013
El cielo está rojo, como mi cuello: sangrando (13): Revisitar Sangrazul
El cielo está rojo, como mi cuello:
sangrando.
Nieve, púrpura, luna, piedra,
ciervo, arroyo, selva, desierto,
oasis, origen, olvido, oscuridad,
caballo, cabeza, claridad, clamor,
pueblo, popular, población, público,
arte, Marte, parte, darte,
rojo, negro, blanco, azul,
siempre, nunca, todavía, aún,
desde, hacia, tras, por,
soplo, álito, brisa,
viento,
águila, ánfora, ácido, ánimo,
contemplar, escuchar, aprehender, conocer,
siempre tú mismo serás tan sólo tú.
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