sábado, 27 de abril de 2013

EL INVIERNO Y LA NIEVE: faltan de pasar (5): Lipti-Lehniv



5. EL INVIERNO Y LA NIEVE.

Las nevadas nocturnas, el resplandor del día, la ceguera deslumbrante de lo blanco. La fuente de piedra, helada en medio de la plaza. Las chimeneas. Las castañas asadas en la calefacción, las historias de fantasmas. El sopor blanco del frío, las sábanas heladas; la bufanda y los guantes en la nieve. Las calles encharcadas. El pan recién hecho y aún caliente. Los soportales de la plaza, la gente. El frío en los pulmones, la nariz helada. Las orejas rojas y ausentes. El campanario de la iglesia y las cigüeñas. Las nubes infinitas, las nevadas. Los enjambres de abejas blancas, la cara al cielo, la boca abierta, los sorbos de nieve y las miradas a lo blanco. Los pies húmedos, los calcetines de lana gruesa, los gorros de dormir. La taza de leche con miel. Los metros de nieve, los días iguales, la semana. La noche temprana, el día corto. Las caricias maternales, el sopor. Nieva en mi pueblo, es invierno. El tiempo se detiene, nada pasa.


jueves, 25 de abril de 2013

LA MIRADA DEL PERRO: faltan de pasar (4): Lipti-Lehniv



4. LA MIRADA DEL PERRO.

Suele ser lastimera, mas profunda,
a veces temerosa, indecisa,
pero siempre cargada de humedades,
de lágrimas reprimidas, de sueños de desvaríos.
Siempre al borde de las lágrimas;
sus ojos temerarios, al suicidio; su boca
inexpresiva; su pelo negro, negro. Sin palabras.
Llanto silencioso y contenido, llanto para dentro.
Lágrimas para dentro de caminos campesinos
y trigales,
de casas solariegas cubiertas de musgo
y telarañas,
de campanarios derrumbados con cigüeñas
y golondrinas,
de viejas figuras enlutadas por callejuelas
y fuente.
Esponja que absorbe la realidad a su paso,
la porosa realidad que se aprehende,
magdalena de Proust encarnada en vida perra:
la mirada del perro.
Así se extiende esta mirada como un manto,
un manto parduzco de atardecer de meseta castellana.


martes, 23 de abril de 2013

TARDE DE LATINES: faltan de pasar (3): Lipti-Lehniv



3. TARDE DE LATINES.

Y se casaron y fueron felices
(como en los cuentos)
y nunca supieron más
del sitio de donde salieron.
Cuando el cansancio de la noche
comienza a devorarme
lentamente,
me siento en el peldaño de la puerta.
Veo pasar a la gente,
deprisa,
veo el tráfico y me mareo.
Enfrente está la casa del campesino,
llena de sombras y de recuerdos:
el hombre de oscuro pasado,
los pájaros que hablan y escupen,
la música de piano que se oye,
las luces extrañas y el olor a naranjas.
Se me va cansando el entendimiento.
Mira,
en esa ventana veo un rostro:
una joven sobre sus libros,
estudiando. Veo las cortinas
y las cartas abiertas sobre la cama,
los sobres desgarrados,
las fechas, los finales y los adioses
(todos iguales). Palabras en latín.
Veo unos ojos cerrados
por el aburrimiento, una respiración
entrecortada (dormida).
Me devuelvo a mí mismo,
salgo del libro y los cuadernos
caen, salto desde la ventana
y me vuelvo a mi sitio.
Cae la tarde, caigo yo,
todo cae en mi recuerdo,
y ahora sí, y ahora no,
no me decido a dar el salto.
El tiempo vuelve a su sitio.
Voy a esperar
a que el tiempo vuelva a su sitio.


sábado, 20 de abril de 2013

LA SILLA DE PIEDRA: faltan de pasar (2): Lipti-Lehniv



2. LA SILLA DE PIEDRA.

Minúsculas, brillantes, fugaces,
resplandecen en la silla de piedra,
al lado de los trigales, junto al río.
Lo gris se recubre de vegetal,
Blanco al sol, negruzco, multicolor.
El pesado respaldo y,
en su más profundo centro,
la espalda que encierra el animal herido;
asiento de piedra, trono,
inmóvil en el paisaje del recuerdo,
eterno en la memoria, en el olvido,
eterno. Pasarán
los días y los meses, los años
pasarán; las generaciones,
los hijos, los padres, los abuelos,
los amores, los frutos, las fuentes, pasarán
los buenos tiempos y los malos,
pasarán los pueblos, los nombres,
los recuerdos pasarán,
pero  permanecerá la silla de piedra,
el trono inmóvil, ausente en su pensamiento,
fijo, testigo mudo y confidente. Como
el bosque confidente, antes de la tala;
como el río, tras la sequía,
inmóvil. Arropado por el viento, por la lluvia
lavado, tostado con el trigal, marcado
por el frío. Silencioso, reflexivo, quieto, eterno.
El trono de piedra, portero del bosque.
Sentarse y esperar contigo,
en ti. Esperar sobre ti, ante ti, contra ti.
Esperar en tí y ser eterno contigo.
Fatuas, olvidadas, las gotas de lluvia
sobre el trono de piedra. Dentro está.


jueves, 18 de abril de 2013

Te rememoro: faltan de pasar (1): Lipti-Lehniv



1.

Te rememoro,
¿ves?,
y así vuelvo
a transitar por caminos
que juré no transitar
más;
así vuelvo
a desbocar las palabras
por entre los silencios;
así vuelvo
a esta sincera hipocresía
de sentirme vivo
recordándome en tus brazos.
Sin palabras vuelvo,
sin mensajes,
sin nada que decir
realmente:
callado
en el fondo de la sala,
del salón en el ángulo oscuro
(con el arpa),
con la cabeza baja,
los ojos entornados,
en silencio,
sin nada que ofrecerte,
a no ser mi presencia.


miércoles, 17 de abril de 2013

Eres como un río sin orillas: opualah! (12): Lipti-Lehniv



12.


            Eres como un río sin orillas y, por ende, sin horizontes. Se entretenía el tren cuando pasabas, bolsas llenas en las manos, por entre la basura, caminando a tu casa. Podría reconocerte en un mosaico de bicicletas, vendedores ambulantes, traficantes de droga, mendigos, campesinos, escolares de uniforme, oficinistas despistados, carros de fruta y pescado seco, mercado ilegal y multicolor. No era por tus ojos (que no eran únicos), ni por tu cabellera negra, que te reconocía. Alas de cuervo por donde se te mirase. Las rosas chinas quemadas en los canastillos de incienso y arroz. Me asustaba siempre mirar hacia atrás y ver las estatuas al final de la calle, a ambos lados. En medio de los árboles, monolíticas, pétreas, silenciosas, muertas. El gris triste del temor y la soledad. Como un puntito aparecías a lo lejos, dibujándote a cada paso, inventándote, creándote. Así hasta adquirir un cuerpo determinado, un contorno, una medida que encajaba en la pieza vacía de mi corazón. A mi forma te recortaba, te adornaba o endurecía, te amoldaba, te quería. A tu paso la hojarasca se alborotaba y ascendía, se quemaba en columnas ocres y anaranjadas, te escoltaba. En esta afilada red caí, después de dos amores olvidados por el camino, olvidando que en mi casa la cena estaba lista y la mesa preparada, la botella atemperándose y mi hermano con las partituras para mostrarme su avance con el violín, tan lejos de todo esto estaba... Ese mismo instante se hizo el fuego, desplegando sus alas hasta tocar las estrellas, como un manto extendido, arropando los últimos coletazos del invierno. Después de la carta, de la llamada por teléfono, entré al templo y avancé por la nave central, manchando el mármol con la sangre de mi pie derecho amputado. Volviste el rostro a mi presencia: no te calmaron mis palabras, ni a mí las anestesias del incienso. Descaminaste el reguero de sangre hasta la salida y yo, sostenido en un charco rojizo, apoyé mi frente en la columna más cercana. Ya entonces sabía que te recuperaría: tu nombre en una inscripción exacta.

            La conocí en los burdeles de Davao. En su número, domaba serpientes y después las decapitaba con una cuchilla.


martes, 16 de abril de 2013

Saberte aquí. Saberte cierto: opualah! (11): Lipti-Lehniv



11.


            Saberte aquí. Saberte cierto. Saber que estás aquí, que no te has ido, que nunca te fuiste. Ver cómo las heridas dieron paso a las cicatrices tempranas, lamerse las heridas como un perro apaleado. Volver al pueblo, pasear por el olmedo en silencio, al borde del río. Mirar de nuevo hacia tu ventana, saber la casa vacía. El trigal a mis espaldas extiende su fragor amarillento. Todo está en calma, dentro del ruido de la tarde. A lo lejos, la campana. Las clarisas estarán retirándose a sus celdas. Todavía se oyen los niños en el parque. Son las siete de la tarde. En otro instante serían las once de la noche (en otra vida). El viento me susurra palabras olvidadas. He soltado las amarras, se me han roto las raíces, y he quedado así: a la intemperie. Ahora mismo la existencia apenas vale algo. Reanudo el paseo con la nueva campana. Paso al lado de los muros del convento; las clarisas, ajenas, duermen. Me zambullo de nuevo en el fragor de lo cotidiano, sabiendo que mi vida está en otra parte. Retomo la atención en la carretera, el camino a la multitud, la barbacana. Mas al entrar por el arco te recuerdo y tengo que acelerar mi huida en dirección contraria. Un sanroque me mira con su perro y sus heridas. Alguien pasa en bicicleta y me saluda. A la altura del cine, el recuerdo es ya casi insoportable y me detengo en la relojería. Miro mi imagen reflejada en el escaparate y, cuando continúo mi camino, mi imagen se queda allí, entre los relojes, en el tiempo muerto.